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viernes, 6 de enero de 2017

Lo positivo de 2016

Comenzamos el año con el agrio sabor del anterior aún en nuestras bocas. Mientras preparábamos las uvas, compartíamos en familia nuestros propósitos para los próximos 12 meses o recibíamos los regalos de los Reyes Magos, el mundo seguía estremecido con la crisis de los refugiados, con atentados en Turquía y Alemania, la sombra de la xenofobia y el extremismo acechando Europa y Estados Unidos, miles de voces exigiendo en Latinoamerica #NiUnaMenos y, por supuesto, con las desgarradoras palabras de despedida de las miles de personas atrapadas en Aleppo.

Comenzamos un nuevo año en un mundo conmocionado, lógicamente, pero también lleno de esperanza, aunque parezca imposible. Con tantas malas noticias y tantos peligros en el horizonte, a veces olvidamos que también existen las buenas nuevas. En nuestro planeta todos los días las hay, aunque muchas veces no nos enteremos.

Salud por esos pequeños pasos que nos hacen avanzar, y por las personas que se detienen, ven lo que ocurre a su alrededor, se preguntan qué pueden hacer para ayudar y, sin cámaras delante, simplemente lo hacen.

Que este 2017 sea mejor para todos.








martes, 8 de diciembre de 2015

¡La nueva Venezuela es vinotinto!



Querido y bravo pueblo de mi Venezuela:

Después de la euforia merecida de los que apostamos por un cambio, me alegra leer, aunque sea en algunos contados espacios rojos, un poco de autocrítica, que en estos tiempos considero fundamental. 

El chavismo está decepcionado con los resultados electorales, pero una gran parte también contribuyó en ellos. Más allá de especular en posibles escenarios o hacerse eco de comentarios que critican la decisión de la gran mayoría del pueblo, hay que preguntarse qué está diciendo ese país por el que todos trabajamos, por qué decidió salir a votar por un cambio y cuáles son nuestros puntos de encuentro. 

Creo fundamental que comencemos a trabajar por la unión del país, y dejar de lado los discursos de odio, de echar en cara errores o de suponer que se cometerán otros. ¿Acaso no somos todos hijos de Bolívar? ¿Acaso no queremos todos un país seguro? ¿No queremos exhibir nuestras riquezas naturales al resto del mundo con una industria turística que genere empleo, que invite a otros a disfrutar de nuestra gastronomía y de nuestra riqueza cultural, y que sea también una alternativa de ingresos para el país que pueda diversificar nuestra economía y disminuir el impacto que tenga en nuestra gente la caída del precio del petróleo? ¿Acaso no queremos vivir en paz y reconciliarnos con el vecino, el primo o el colega a quien ahora consideramos que está "en otro bando"? 

Comencemos por asumir responsabilidades, estudiar nuestras actitudes al ganar y perder elecciones y también por estudiar qué ha fallado en nuestra gestión. Esto lo deben hacer todos, rojos y azules, vinotinto todos. 

Asumir con humildad nuestros errores es el primer paso para corregirlos, y reconocer en el otro al hermano más allá de su tendencia política es vital para comenzar a construir la Venezuela que TODOS queremos.

¡Felicidades a los demócratas! Acaba de comenzar una nueva etapa en nuestra historia: ¡¡Ahora Venezuela es vinotinto!! 

miércoles, 29 de abril de 2015

"Salvando al mundo" con Amnistía Internacional, ¡aula por aula!




Mi primera charla sobre Diversidad Afectivo-Sexual. 

Decimos NO a la discriminación, porque "el mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo"

Colegio Caferma. 15/04/2015

Celebrando el Día del Libro en el IES El Puig





Quiso la vida que el pasado 23 de abril, Día Internacional del Libro, mi charla de Amnistía Internacional fuera en el aula "García Márquez" del IES El Puig. 

Después de hablar sobre la historia de los Derechos Humanos, la diversidad afectivo-sexual, las inquietudes de los estudiantes con respecto a temas de activismo y de unirnos a la acción urgente de Amnistía Internacional Sección España por las víctimas que han muerto en el Mediterráneo, pudimos declarar un aula más ¡libre de discriminación! 


martes, 10 de marzo de 2015

Gotas de Paz

 
Mural en el CEIP Ballester Fandos
 
 
Entrar en el Colegio Público Ballester Fandos de Valencia, es respirar un aire de optimismo para quienes luchan por los derechos humanos en el mundo. Ubicado en una zona poco favorecida, sus profesores luchan contra el absentismo, y con la ayuda del programa de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional Valencia, coordinado por María Escalona Ponce, forman niños conocedores de sus derechos, conscientes de los problemas de otros niños (como los niños soldados, la discriminación contra las niñas que no pueden estudiar, el uso de niños para trabajar...) y respetuosos con el medio ambiente.
 
Entro con María y es como estar con una súper estrella: todos los niños la conocen y la saludan inmediatamente. Me llama la atención un mural de Nelson Mandela que han pintado los niños junto a Pichi y Avo, unos colaboradores llevados por Amnistía Internacional. "No queremos dar charlas aburridas", dice María, mientras me cuenta que intentan que los niños aprendan sobre los derechos de la infancia mediante actividades en las que participen, como gymkanas, hip hop o cuentacuentos.
 
 
 
Mural de Nelson Mandela hecho por Pichi y Avo
 junto con los niños
 
 
Hoy vamos a ver una de ellas: Amnistía ha llevado a una compañía de teatro, Lupa Teatre, con un cuento inspirado en El Principito de Saint Exupery. El colegio no tiene auditorio, pero en el gimnasio se hacen maravillas: los más pequeños se sientan en dos bancos alargados, mientras que los grandes traen sus propias sillas desde el aula.
 
 

Los niños llevan sus sillas, ven la obra, participan
en el coloquio y curiosean tras bastidores
 
 
Comienza la función y me llama la atención lo atentos que están hasta los más pequeños. "Están acostumbrados", comenta uno de los profesores, "los llevamos mucho al teatro y a los museos". Así compensan la poca vida cultural que tienen en casa. Una vez terminada la obra, preguntan a los niños qué les ha parecido y qué mensaje tenía. Una niña de unos 8 o 9 años da en el clavo: "Que los niños no deben pasar hambre, trabajar ni ir a la guerra". Otro lo confirma: "Que el trabajo de los niños es estudiar y divertirse". Las respuestas evidencian la atención prestada y la conciencia que ya tienen los pequeños.
 
Antes de irnos visitamos el huerto: un pequeño espacio que han usado en el colegio para sembrar ajos, lechuga, coliflor... Me encanta ver que a estos pequeños también se les inculca la conciencia por el medio ambiente desde una actividad tangible, y que los frutos de su esfuerzo serán para su consumo.
 
 

El huerto escolar
 
 
Por último, en este espacio creado con un programa adaptado para los niños de un sector humilde, veo un muro que me llena de esperanza: "Fes que ploga la Pau" (Haz que llueva la Paz) nos muestra al mundo rodeado de gotas en las que los niños han puesto sus deseos en el Día Internacional de la Paz. Leerlo es reconciliarse con el futuro de la humanidad.
 
 

Gotas de Paz
Gota 1: "Deseo que no 'halla' violencia de género". María
Gota 2: "No al racismo".
Gota 3: "Deseo que no 'aia' 'mas' racismo en el mundo y que no 'aia' esclavitud. Paz. Amor".
Gota 4: "Deseo bailar juntos".
Gota 5: "Deseo que no 'hallan' más guerras y que no nos 'pelemos' solo quiero paz".
Gota 6: "Deseo que 'nohaya' más niños soldados".
Gota 7: "Deseo que haya igualdad de 'genero' y que no se discrimine por color". Yeru
Gota 8: "Deseo a todo el mundo paz, amor y libertad". Gabriela
 
 
 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Las estanterías llenas


A nadie le llama la atención algo familiar en un viaje. Nadie dice: "¡Mira! ¡Guao!" cuando ve a un niño en una patineta, a un anciano en un parque dando de comer a las palomas o a un carro parado en la calle. Nos maravillamos, sorprendemos, alegramos y hasta destapamos nuestra más infantil curiosidad sólo con las cosas que no nos resultan cotidianas, y si las "cosas sorprendentes" son esenciales, sabremos que debemos preocuparnos.

Alguien me contó una vez que llevó a una persona de algún país de la ex Unión Soviética a un supermercado, y que cuando esta persona vio las estanterías llenas, comenzó a llorar. Es un relato conmovedor que nos resultaría algo así como sacado de una película del cine independiente, de no ser porque los venezolanos nos estamos acostumbrando cada vez más a sorprendernos por cosas que para otros son básicas.

Este verano pude compartir con amigos y familiares venezolanos, cuyos comentarios en las calles arrugaban un poquito mi corazón. "¡Qué calle más limpia!" decía una, sin percatarse de lo triste que suena ese comentario cuando entiendes lo que subyace tras él. "¡Qué cantidad de turistas!", y mi mente viajaba en segundos a la Plaza Bolívar de mis 18 años, llena de grupos de turistas increíblemente extinguidos de la faz de mi país.

Siempre me sentí orgullosa y privilegiada de haber nacido y vivido en Caracas, y sin embargo, tengo dos años aquí y es el tiempo que llevo acostumbrándome a las caminatas nocturnas, a dejar de mirar a los lados por si viene alguien que pueda hacerme daño, a dejar la puerta de la casa sin llave y... a tener muchas opciones en las estanterías del supermercado. Siendo así, no puedo dejar de preguntarme: si ése es mi caso, ¿cómo será el de la gente de los pueblos, cuyos servicios básicos -agua, luz, transporte...- nunca han sido totalmente solventes?

Extraño la ciudad donde nací, donde me fastidiaban un poco los turistas porque entorpecían mi ruta hacia el metro (que era todo un orgullo, "el mejor del mundo"), donde la luz, el agua, la limpieza y las estanterías llenas se daban por hecho. Extraño la metrópolis imponente que se volvía referencia en el mundo con sus torres de Parque Central y de El Silencio tan bien cuidadas como la UCV. Mi ciudad bonita, la de los médicos de punta y los hospitales reputados.

Y así como extraño, también tengo esperanza...

Espero que cada día seamos más los que recordamos esa otra ciudad, porque es el primer paso para volver a tenerla.