sábado, 30 de diciembre de 2017

Un cuento de Navidad criolla

Maduro despertó con unos ruidos de cadenas. "Pero ¿¡quién diablos se atreve a despertarme, a mí, primer combatiente, hijo del Comandante Supremo y líder actual de la Revolución bonita?!", pensó.

-¡Cállate!- le dijo una voz que le resultó familiar.
-Pero si no he hablado...- balbuceó, un poco contrariado.
-¡Que te calles ya!- ordenó, contundente, la voz. -Estoy aquí para que salgas de la cama y muevas todos tus kilos donde yo te diga.

Quiso protestar, llamar a su guardaespaldas y que se llevara de ahí al que había osado despertarle, y encima le gritaba sin pudor. Quiso amenazarlo con acusarlo de complot y terrorismo, pero no pudo. Algo en esa voz le daba escalofríos, lo hacía sentir débil y vulnerable, le recordaba los tiempos en los que no era nadie.

-¡Que salgas de la cama, te dije ya!- volvió a gritar la voz, y de un brinco, Nicolás obedeció, topándose de frente con una imagen que lo hizo temblar.

Allí, estoico y con un aura blanca rodeándolo, se vio a sí mismo de niño. Quien un día fuera un carricito feliz, bailando salsa y cumbia sin preocupaciones, sin más aspiraciones que las de cualquier mortal de siete años, ahora levitaba en su cuarto, mirándolo claramente enfadado e inmune a  sus amenazas.

Aturdido, Nicolás decidió recurrir a sus encantos:

-¡Épale, chamito! ¿Cómo está la vai...?
-¡Que te calles, imbécil! Vamos, mueve el trasero que nos vamos de aquí.

Nicolás pensó que debería llamar a sus escoltas, ponerse el chaleco antibalas y llamar al chofer del blindado, pero antes de ponerse en acción, su pequeño visitante lo agarró por la muñeca y lo transportó por un bucle rarísimo hasta una casa caraqueña. Allí sintió un escalofrío recorrerle toda la espalda: una niña claramente ilusionada, escribía la carta al Niño Jesús con la ayuda de su padre, mientras su madre y sus hermanos decoraban un árbol de Navidad muy grande.

-Querido Niño Jesús: Espero que estés bien y que 1980 sea un buen año para ti. Yo me he portado bien...- hizo una pausa tras el carraspeo de su padre- ...en general, y me gustaría que me trajeras unos patines, una muñeca de esas que se les cambia el pañal y traen un tetero, y una casita de la Barbie.

-¡Ah!- suspiró aliviado Nicolás- ¡Es 1980! Ya decía yo que la ropa era rara, y había mucho espíritu navideño en esa casa...

Su guía lo miró con indiferencia. -Vamos-. Lo tomó otra vez por la muñeca y aparecieron en otra casa, esta vez de un pueblo, donde una numerosa familia trabajaba claramente organizada haciendo las hallacas. La abuela hacía el guiso; las madres y tías, la masa; los primos mayores ensamblaban y envolvían, y los menores, como todo el mundo sabe, cerraban con el pabilo.

-¡Esta rumba sí está buena!- se le escapó a Nicolás, que se disponía a echar un pie con las gaitas que sonaban de fondo, cuando Nico lo sacó de esa casa y lo llevó a un centro comercial.

Nicolás recordó entonces que las familias solían ir de tour por los centros comerciales, que se vestían de gala para ser elegidos como los que mejor decoración navideña tenían. Gente comiendo en restaurantes, comprando los estrenos del 24 y del 31, preparando sus viajes para recibir el año en la playa o cruzando el charco...

-Esto sí que está muy mal. El capitalismo salvaje...
-¡Cállate! Tú eras el que más disfrutabas con las luces de Navidad, y no te quejabas cuando El Niño Jesús te traía los regalos que pedías. ¿De dónde crees que salieron tu carro favorito y tu pelota y bate de béisbol? Te doy una pista: ¡No vinieron de un taller en el Polo Norte!

Nicolás se quedó en shock. Recordó lo mucho que le gustó recibir su carro y las tardes que pasó en la calle jugando béisbol con su bate nuevo...

-Eres un impostor -prosiguió, inclemente, Nico-. Has estafado a la gente haciéndoles creer que eres digno de ser hijo de Stalin, cuando en realidad eras tan normal como cualquiera, y hasta tenías una clara preferencia por el CCCT cuando se trataba de puntuar a la mejor decoración navideña.

-¿Yo? Yo... -balbuceó, sabiendo que no podía engañar al carricito.
-Sí, tú, tú. Déjate de sandeces y vamos al último destino.

Aparecieron en una calle cualquiera, donde los vecinos y sus hijos tiraban cohetes, tumba ranchos, triquitraquis y otros fuegos artificiales.

Esta vez, la versión infantil de Nicolás no dijo nada. No hizo falta que le recordara lo mucho que disfrutaba de los fuegos artificiales de niño, sin pensar en el consumismo ni en el daño a las mascotas, excusas que ahora le vienen bien para justificar la ausencia de pirotecnia.

Con cada "bum", con cada figura de colores, con cada risa de los vecinos, Nicolás iba sintiendo más y más vergüenza.

-¿Quieres ser recordado como el que prohibió esto? -preguntó Nico, apelando al ego de su yo actual-. Vas por buen camino.

Tomándolo de la muñeca, lo llevó hasta su cama, donde Nicolás despertó sudando, llamando a sus guardaespaldas para corroborar que estuvieran ahí, y llamando a Delcy para informar a la ANC de que a partir de ahora, por decreto presidencial, estaba prohibido que el Primer Combatiente tuviera pesadillas.

-Chamo, tú no has oído nunca lo de "pan y circo", ¿verdad? -dijo otra voz conocida.
-¡Comandante Supremo! -exclamó, entre sorprendido y preocupado, como quien está viendo el Facebook cuando entra el jefe en la oficina.
-Vente, Nicolás. Vamos a dar una vuelta.
-Espere y llamo al guardaespal...

No terminó. El finado lo había llevado a una casa de Maracaibo, donde pasaron la nochebuena sin luz.

-¡Vergación! ¡¿Hasta cuándo el trimardito Maduro jodiendo la paciencia?!- exclamaba un hombre, mientras intentaba encender un par de velas.
-Hasta que el pueblo se arreche de verdad y salga a quemar Miraflores- respondió otro hombre, algo mayor, quien logró que un frío intenso le recorriera el cuerpo a Nicolás.
-¡¿Qué más arrechera se le puede tener a ese carajo?! ¡Ya ni su madre lo quiere!

El finado, con cara de padre decepcionado, miró a Nicolás y le dijo:

-Pan y circo, chamo. No se puede dormir tranquilo si la gente pasa trabajo y ya no cree que el culpable sea el imperio o los empresarios.
-¡Pero si estoy siguiendo sus pautas!
-Sí, chamo, pero de vez en cuando hay que saber dar un pasito para atrás. Tú que eres tan buen bailarín, deberías saberlo.

El finado tomó de la muñeca a Nicolás y lo llevó a una zona comercial de Ciudad Bolívar, donde estaban saqueando.

-Míralos- le dijo. -Ni siquiera llevándose lo que quieran y sabiendo que se saldrán con la suya están felices.
-No entiendo por qué. Es el hombre nuevo, ¿no? Me están ayudando a eliminar el consumismo propio del capitalismo salvaje que se nos impuso durante 40 años de opresión...
-Ahórrame el discursito, Nicolás. ¿O ya se te olvidó que lo inventé yo?

El finado agarró la muñeca de Nicolás y lo llevó a la Plaza de Toros de Valencia, donde tiraban juguetes a diestra y siniestra y se armó una sampablera.

-¡Coño! ¡Estos militares sí son brutos, vale! ¡Yo me voy de aquí antes que me maten al carajito!
-Siempre igual, no joda. Al menos hoy sí que trajeron los juguetes. Nos vemos en la redoma pa' protestá. Yo quiero mi "cla" es ya.
-¿Y los perniles?
-Esos se los comieron ya los policías, marico. Uno como un güevón esperando su vaina y ellos ahí hartando.
-Esta vaina se puso fea. Me voy pal coño. ¡Maduro mamagüevo!

Los ojos de Nicolás desprendían desprecio.

-Te dejé al hombre nuevo bien entrenadito, Nicolás. Dependiente, sin autoestima y sin dignidad. ¿Y qué haces tú? Vas y la cagas.
-¡Cuerda de malagradecidos! Encima de que les doy...
-El problema no es que les des, sino que tienes que organizar la vaina mejor para que no les mates a los carajitos mientras se pelean por juguetes voladores. Sigamos.

De nuevo, muñeca y directos a "La Tumba", donde un par de estudiantes presos hablaban entre sí:

-Cuando salgamos de aquí, vamos a llevar a Maduro a La Haya.
-Si es que salimos de aquí...
-¡Eso sí que no, compadre! ¡No se me venga abajo que entonces sí que ganan ellos!
-Es verdad, perdona. A veces pienso que debí firmar esa declaración diciendo que Ledezma era terrorista, pero luego recuerdo que solo hubiera servido para estar igual aquí, pero sabiéndome un mentiroso traidor.
-Es así, compadre. Es así...

El finado vio la ira y el desprecio de Nicolás en su cara:

-Se te ve el plumero, Nicolás. No has podido ni siquiera romper el espíritu de un par de estudiantes que llevan dos años presos sin juicio, acusación formal ni visitas familiares. Ni siquiera han visto la luz en los últimos seis meses y ahí están, sin decir palabra. Cada minuto que pasan aquí es una línea más en tu expediente de delitos de lesa humanidad, y ni siquiera has podido sacarles una piche firma...
-¡Son terroristas! ¡Lo dice el TSJ y la ANC!
-Bueno, a ver si te pones las pilas con ambos organismos, no vaya a ser que te echen una vaina...
-¿¡Qué?! ¿Qué quiere decir con eso, mi Comandante? No estará sugiriendo que...

El finado no dijo nada más. Nicolás despertó sudando, tembloroso y sin saber qué hacer. El fantasma de la Navidad futura decidió no aparecer tras la conversación de Nicolás con Cilia:

-Cilia, ¡despierta!
-¿Qué pasa, vale? ¿Otra vez te cayó mal la empanada?
-No, Cilia, ¡estoy asustado! La gente no me quiere... ¿y si les da a los nuestros por echarnos una vaina? ¿Y si la oposición se organiza y nos tumba?
-Tranquilo, Nicolás. Los nuestros tienen demasiado rabo de paja como para echarnos una vaina, y la oposición... Sigue siendo la misma. No confían ni en ellos mismos, ¿qué van a estar organizando nada?

Nicolás dudó un momento, pero la verdad es que no tenía de qué preocuparse, así que volvió a su cama y descansó todas las noches como un lirón.

Por ahora.


sábado, 27 de mayo de 2017

Los tiempos modernos de Venezuela



Una tarde en un café de Sabana Grande, en una de nuestras acostumbradas tertulias, el Flaco me dijo que la historia de la humanidad estaba dividida entre tiempos revolucionarios, de avance y conquistas importantes, y tiempos de pasividad, de apatía y de dejarse llevar por el status quo. Era 1997 o 1998. No teníamos ni idea de lo que nos vendría tan solo un par de años después.

Cada vez que siento que los acontecimientos nos avasallan, que una barbarie de hace dos días parece una cosa "del pasado" porque ayer hubo otra y hoy otra aún peor, recuerdo esa conversación. El Flaco y yo compartíamos esa decepción de quien no tiene historias de lucha, de conquista de derechos y de valentía y solidaridad por encima de la represión y la dictadura para contar a sus nietos.

Aunque muchas veces he pensado que estábamos locos, que no sabíamos lo que decíamos y que ser conocidos solo por el Miss Universo, el petróleo y los buenos beisbolistas era lo mejor que nos había podido pasar, no falta ese recuerdo en mi mente cuando veo a estos jóvenes de mi país, a estos Valientes que lo arriesgan todo por su libertad y su futuro, a estos niños que llevan el heroísmo en la sangre, luchando con sus escudos y sus cascos por nuestra democracia y nuestra dignidad. Cuando veo a quienes los acompañan: los médicos, los viejitos, los profesores, las mujeres, los artistas...

Me gustaría estar ahí, en ese café de Sabana Grande, para sentarme con ese par de adolescentes decepcionados y decirles: "Tranquilos que vivirán las batallas más heróicas de nuestra historia reciente. Desearán ver menos noticias de Venezuela en la prensa internacional, pero valdrá la pena porque los nuevos héroes están aún -literalmente- en pañales; porque llorarán todos los días de indignación, pero también de esperanza; porque aprenderán todos a valorar de nuevo la Libertad". 

Ha sido una lección larga de aprender, pero nos está dejando una juventud consciente de sus derechos y obligaciones, un país cada vez más unido y un orgullo cada vez más imparable. 


No me cabe duda de que mi país, el grande y solidario, triunfará muy pronto, ¡y pobre de quien intente someterlo de nuevo a una tiranía!

#HagamosQueValgaLaPena


viernes, 6 de enero de 2017

Lo positivo de 2016

Comenzamos el año con el agrio sabor del anterior aún en nuestras bocas. Mientras preparábamos las uvas, compartíamos en familia nuestros propósitos para los próximos 12 meses o recibíamos los regalos de los Reyes Magos, el mundo seguía estremecido con la crisis de los refugiados, con atentados en Turquía y Alemania, la sombra de la xenofobia y el extremismo acechando Europa y Estados Unidos, miles de voces exigiendo en Latinoamerica #NiUnaMenos y, por supuesto, con las desgarradoras palabras de despedida de las miles de personas atrapadas en Aleppo.

Comenzamos un nuevo año en un mundo conmocionado, lógicamente, pero también lleno de esperanza, aunque parezca imposible. Con tantas malas noticias y tantos peligros en el horizonte, a veces olvidamos que también existen las buenas nuevas. En nuestro planeta todos los días las hay, aunque muchas veces no nos enteremos.

Salud por esos pequeños pasos que nos hacen avanzar, y por las personas que se detienen, ven lo que ocurre a su alrededor, se preguntan qué pueden hacer para ayudar y, sin cámaras delante, simplemente lo hacen.

Que este 2017 sea mejor para todos.








jueves, 6 de octubre de 2016

La jornada inversa



Carlos se despertó con la imperiosa necesidad de despertar a su reloj. Se giró, tomó el celular en sus manos y comenzó a zarandearlo hasta que, de una corta pero intensa vibración, el aparato le dejó claro que había logrado su objetivo.

Tras levantarse, comenzó a quitarse la chaqueta, la corbata, la camisa y los pantalones y buscó en su gaveta de pijamas la que le quedara mejor para su reunión de hoy. Carlos era el jefe de calidad de producto en una importante empresa de telecomunicaciones, y hoy tendría que parecer más imponente si quería que la directora de operaciones y el de finanzas se sintieran aún más incómodos en su presencia.

-¡Buenos días, Sr. López! -dijo el presidente apostado en la entrada del edificio. 

-Buenos días, Fernando -contestó Carlos, pensando que hay que ver que la gente pobre sí que es feliz, o al menos lo aparenta muy bien todas las mañanas.

Ese día transcurrió con normalidad. Lo único a resaltar fue la visita del Pasante, que tenía nervioso a todo el mundo desde que se publicó en la agenda corporativa; y la reunión con operaciones y finanzas, que siempre alegraban las semanas de Carlos. Y es que a él le gustaba sentir el poder que tenía sobre otras personas... y hacer que cambien totalmente los protocolos de operaciones y que se replantee el presupuesto de todo el año siguiente, era un derecho adquirido tras muchos años de esfuerzo.

El joven jefe salió de la oficina y fue con una sonrisa al puerto, donde sus amigos lo esperaban todas las tardes para limpiar juntos los residuos. 

-¿Me esperaron o ya limpiaron el aceite de la cloaca? -espetó, recordando una vez más la falta de compañerismo de sus amigos.

-Te dejamos las botellas de plástico. No tenemos la culpa de que salgas tan tarde de la oficina -respondió Lina.

Tras la jornada de limpieza ecológica, Carlos estaba muy cansado para seguir con la fiesta. Sus amigos irían ahora a pedir dinero a los mendigos y a construir palacios para atraer más inmigrantes, pero el joven tenía una reunión al día siguiente con el Office Boy y quería estar preparado. 

Se fue a casa, se dio una ducha, y poniéndose el traje se acostó. 

"Ojalá mañana sea un día inverso", pensó, extrañando esas curiosas jornadas en las que entiendes al mundo y él a ti.



domingo, 28 de agosto de 2016

El andén 9¾ caraqueño

El Metro de Caracas se construyó con un pensamiento artístico: no solo era un medio de transporte, sino que mejoró el paisaje de la ciudad en cada estación, que a su vez estaban pensadas para ser un punto de encuentro agradable rodeado de belleza. 

Incluso cuando todo lo demás comenzó a cambiar en Caracas, cuando la desidia y el mal humor, la inseguridad y la basura empezaron a hacerse muy presentes en nuestra ciudad, el Metro continuó siendo un emblema para los caraqueños. Estábamos tan orgullosos de tener "El mejor metro del mundo", que cuando entrábamos en él cambiábamos totalmente nuestra actitud y volvíamos a levantar la mirada, sonreíamos, no tirábamos nunca un papel en el suelo, cedíamos el asiento a los mayores, discapacitados o embarazadas... O sea, era un portal hacia una dimensión en la que hacíamos gala de nuestra alta capacidad de civilización.

Me gusta pensar que esa dimensión todavía existe. Que esa ciudad amable, artística, bella y que saca lo mejor de nosotros, sigue ahí en alguna parte. Que si seguimos buscando, el portal hacia ella se abrirá y volverán los cafés en las terrazas de Sabana Grande, las tardes de patines en Chacaíto, las lecturas en las afueras de la estación de Colegio de Ingenieros o los paseos tranquilos en el Parque de los Caobos que terminaban con un helado en la cafetería del Museo de Bellas Artes.

Si ese portal existe, ya les digo que está en algún lado del Metro de Caracas. Nuestro andén 9 ¾ caribeño.



domingo, 20 de marzo de 2016

Mi abuelita Goya



Mi abuelita siempre creyó que no me gustaban las arepas. Debió pensar que mi madre no tenía tiempo de hacérmelas y que, por tanto, mi infancia en la capital me había hecho este especimen raro que dice ser venezolano pero no es capaz de degustar el plato más nuestro.

Goya vivió un montón de años, crió a 6 hijos, se encargó de su casa hasta más o menos un año de su partida y tenía una especial conexión con los animales que le permitía desde tener la relación más cariñosa del mundo con Pancho (sus gatos, todos, se llamaron así), hasta retorcer el cuello de una gallina suya con una naturalidad pasmosa. 

Entre los acontecimientos que conmocionaron el mundo durante su paso por él están dos guerras mundiales, dos dictaduras de gochos y la debacle de la democracia venezolana. No se enteró de casi nada, pero eso sí: para ella Chávez era como un hijo.

Mi abuelita no era la más culta del mundo, pero su caligrafía Palmer era digna de envidiar. Entre su casita con huerta y animales, lo que más marcó mi infancia fue el árbol de mango (que un día incendiamos, pero ese es otro cuento) y el de guayaba (porque un día comí tantas que pasé como cinco años sin volver a probarlas). El día que nos subimos al techo a comer mango verde con adobo sin permiso (idea de Endrina, claro, a mí esas cosas no se me ocurrían), la reacción de mi abuela fue la más fina del mundo, sobretodo tomando en cuenta que nos esperábamos una regañada de las mundiales... "Ay, ¡voy por la escoba y me barréis los mangos!". ¡¿Cómo no querer a mi abuelita?!

Hoy Goya cumple tres años en el cielo. Espero que me dé la bendición todas las mañanas y todas las noches, y que ahora sí que sepa que me gustan mucho las arepas, pero que si me como una ya no puedo comer nada más... ¡Y sus quinchonchos no se podían quedar en el plato!

martes, 8 de diciembre de 2015

¡La nueva Venezuela es vinotinto!



Querido y bravo pueblo de mi Venezuela:

Después de la euforia merecida de los que apostamos por un cambio, me alegra leer, aunque sea en algunos contados espacios rojos, un poco de autocrítica, que en estos tiempos considero fundamental. 

El chavismo está decepcionado con los resultados electorales, pero una gran parte también contribuyó en ellos. Más allá de especular en posibles escenarios o hacerse eco de comentarios que critican la decisión de la gran mayoría del pueblo, hay que preguntarse qué está diciendo ese país por el que todos trabajamos, por qué decidió salir a votar por un cambio y cuáles son nuestros puntos de encuentro. 

Creo fundamental que comencemos a trabajar por la unión del país, y dejar de lado los discursos de odio, de echar en cara errores o de suponer que se cometerán otros. ¿Acaso no somos todos hijos de Bolívar? ¿Acaso no queremos todos un país seguro? ¿No queremos exhibir nuestras riquezas naturales al resto del mundo con una industria turística que genere empleo, que invite a otros a disfrutar de nuestra gastronomía y de nuestra riqueza cultural, y que sea también una alternativa de ingresos para el país que pueda diversificar nuestra economía y disminuir el impacto que tenga en nuestra gente la caída del precio del petróleo? ¿Acaso no queremos vivir en paz y reconciliarnos con el vecino, el primo o el colega a quien ahora consideramos que está "en otro bando"? 

Comencemos por asumir responsabilidades, estudiar nuestras actitudes al ganar y perder elecciones y también por estudiar qué ha fallado en nuestra gestión. Esto lo deben hacer todos, rojos y azules, vinotinto todos. 

Asumir con humildad nuestros errores es el primer paso para corregirlos, y reconocer en el otro al hermano más allá de su tendencia política es vital para comenzar a construir la Venezuela que TODOS queremos.

¡Felicidades a los demócratas! Acaba de comenzar una nueva etapa en nuestra historia: ¡¡Ahora Venezuela es vinotinto!! 

sábado, 5 de diciembre de 2015

Llegó la hora

Finalmente, el 6D ha llegado. 

No hay más lugar para la especulación, para la queja sin acción ni para el miedo. Millones de corazones venezolanos laten fuertemente con la esperanza de que un cambio democrático y pacífico aleje nuestro futuro del rumbo caótico por el que lo está dirigiendo el gobierno. 

Daría cualquier cosa por poder aprovechar esta oportunidad histórica. Es uno de esos momentos cruciales que contadas veces podemos presenciar, y yo solo espero que mis paisanos venezolanos entiendan la trascendencia de la decisión que están a punto de tomar.

Ya no hay cabida para la desesperanza, para la indiferencia ni, repito, para el miedo. Las cábalas de lo que ocurra después deben quedar suspendidas y reanudadas una vez hayamos cumplido con nuestra responsabilidad con el país y, a su vez, con nuestro futuro.

Señores, llegó la hora: Venezuela, su bravo pueblo, decide. El 6D ha llegado.



lunes, 9 de noviembre de 2015

Una realidad normal, o buena suerte a la señora del '63




Hace tiempo que quiero escribir, pero en general, cuando las cosas van bien y todo funciona regularmente, las musas se aburren y no hay mucho qué contar. Llegué a esta conclusión el otro día, cuando me dio por releer algunos posts, y resulta que hay un par muy interesantes -aunque esté mal que lo diga yo- sobre la cotidianidad en Venezuela: cómo pagar en un supermercado podía ser una auténtica prueba a la paciencia -porque se iba la línea, no porque no hubiera productos-; cómo las cornetas, el tráfico interminable y el colapso de Caracas ante una simple lluvia contrastaban con la majestuosidad de El Ávila en su imperturbable amanecer, con las simpáticas guacamayas que recorrían la ciudad dándole los buenos días por las mañanas, y despidiéndose hasta el día siguiente por las tardes, y con ese encanto ecléctico que permite disfrutar de una cena relajada en la sucursal del cielo, por más que el camino de vuelta a casa implique no parar en ningún semáforo por si te atracan.

En el "primer mundo" las cosas son distintas. Aquí todo el mundo sabe el tiempo que le llevará entrar a un supermercado y comprar lo que necesite. Se quejan, sí, y con razón, de que en las citas que han solicitado por internet para ser atendidos en un hospital termine yéndoseles la mañana. Yo también me quejaría, porque hay que exigir excelencia para que "el sistema" mejore, pero estoy muy ocupada viendo la calidad de los hospitales, la profesionalidad de los médicos y los recursos disponibles para todos. 

Cuando oigo a los españoles quejarse de sus funcionarios públicos, recuerdo a la policía que me entrevistó cuando estaba por casarme: amable y comprensiva, como casi todos los funcionarios públicos que me han atendido aquí. Sonrío al oírlos hablar de la indignación que les produce haber perdido un día de trabajo por hacer una u otra gestión. ¿Y por qué sonrío? Porque al final del día, SIEMPRE se van con el papel que fueron a buscar, con la cédula actualizada o habiendo visto al médico. 

Es entonces cuando la sonrisa se me borra y me entra esta desazón que creo que todos los que estamos fuera sentimos cuando vamos a un supermercado y tenemos todo a nuestro alcance. Y con "todo" quiero decir TODO, Harina Pan incluida. Ese sentimiento de tristeza, indignación y hasta culpa que nos recuerda que renovar el pasaporte nos tomó 8 meses, que nuestras familias no tienen hospitales decentes a los que ir o que han olvidado incluso lo que se siente que un funcionario público les dé los buenos días. Estas ganas inmanejables de traerlos a todos para que disfruten de nuevo de una caminata nocturna, de sentarse en una terraza a tomarse un café, de ir de compras solo cuando es necesario...

Y aquí estoy de nuevo, intentando escribir algo más actual, y solo puedo pensar en la señora que dejó su currículum en la academia de inglés donde trabajo. Una caraqueña del '63, con títulos universitarios y una brillante carrera forjada durante años en una Venezuela segura y próspera, con apenas 4 años de haber conquistado su libertad. Una señora que nació en la mejor época de mi país, y vio llegar a muchos inmigrantes europeos que buscaban un futuro que sus países no podían darles. Ahora, a sus 52 años, esta compatriota busca empezar de cero en un país que no es el suyo, por más que le haya abierto las puertas. 

Ojalá esta señora y todos los venezolanos de "la diáspora" tengan una vida tranquila y exitosa. Ojalá nos formemos todos y busquemos la manera de ayudar a los nuestros, que cada día parecen tener más historias inverosímiles para contar. Ojalá nuestro país se reencuentre consigo mismo y vuelva a ofrecernos un futuro. 

Entonces, con las musas revoloteando con las guacamayas para no morir de aburrimiento, inventaremos muchas más historias que no tengan nada que ver con la realidad. ¿Por qué? Porque nuestro deseo se habrá cumplido y nuestra realidad será, simplemente, normal. 

miércoles, 29 de abril de 2015

"Salvando al mundo" con Amnistía Internacional, ¡aula por aula!




Mi primera charla sobre Diversidad Afectivo-Sexual. 

Decimos NO a la discriminación, porque "el mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo"

Colegio Caferma. 15/04/2015

Celebrando el Día del Libro en el IES El Puig





Quiso la vida que el pasado 23 de abril, Día Internacional del Libro, mi charla de Amnistía Internacional fuera en el aula "García Márquez" del IES El Puig. 

Después de hablar sobre la historia de los Derechos Humanos, la diversidad afectivo-sexual, las inquietudes de los estudiantes con respecto a temas de activismo y de unirnos a la acción urgente de Amnistía Internacional Sección España por las víctimas que han muerto en el Mediterráneo, pudimos declarar un aula más ¡libre de discriminación! 


martes, 10 de marzo de 2015

Gotas de Paz

 
Mural en el CEIP Ballester Fandos
 
 
Entrar en el Colegio Público Ballester Fandos de Valencia, es respirar un aire de optimismo para quienes luchan por los derechos humanos en el mundo. Ubicado en una zona poco favorecida, sus profesores luchan contra el absentismo, y con la ayuda del programa de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional Valencia, coordinado por María Escalona Ponce, forman niños conocedores de sus derechos, conscientes de los problemas de otros niños (como los niños soldados, la discriminación contra las niñas que no pueden estudiar, el uso de niños para trabajar...) y respetuosos con el medio ambiente.
 
Entro con María y es como estar con una súper estrella: todos los niños la conocen y la saludan inmediatamente. Me llama la atención un mural de Nelson Mandela que han pintado los niños junto a Pichi y Avo, unos colaboradores llevados por Amnistía Internacional. "No queremos dar charlas aburridas", dice María, mientras me cuenta que intentan que los niños aprendan sobre los derechos de la infancia mediante actividades en las que participen, como gymkanas, hip hop o cuentacuentos.
 
 
 
Mural de Nelson Mandela hecho por Pichi y Avo
 junto con los niños
 
 
Hoy vamos a ver una de ellas: Amnistía ha llevado a una compañía de teatro, Lupa Teatre, con un cuento inspirado en El Principito de Saint Exupery. El colegio no tiene auditorio, pero en el gimnasio se hacen maravillas: los más pequeños se sientan en dos bancos alargados, mientras que los grandes traen sus propias sillas desde el aula.
 
 

Los niños llevan sus sillas, ven la obra, participan
en el coloquio y curiosean tras bastidores
 
 
Comienza la función y me llama la atención lo atentos que están hasta los más pequeños. "Están acostumbrados", comenta uno de los profesores, "los llevamos mucho al teatro y a los museos". Así compensan la poca vida cultural que tienen en casa. Una vez terminada la obra, preguntan a los niños qué les ha parecido y qué mensaje tenía. Una niña de unos 8 o 9 años da en el clavo: "Que los niños no deben pasar hambre, trabajar ni ir a la guerra". Otro lo confirma: "Que el trabajo de los niños es estudiar y divertirse". Las respuestas evidencian la atención prestada y la conciencia que ya tienen los pequeños.
 
Antes de irnos visitamos el huerto: un pequeño espacio que han usado en el colegio para sembrar ajos, lechuga, coliflor... Me encanta ver que a estos pequeños también se les inculca la conciencia por el medio ambiente desde una actividad tangible, y que los frutos de su esfuerzo serán para su consumo.
 
 

El huerto escolar
 
 
Por último, en este espacio creado con un programa adaptado para los niños de un sector humilde, veo un muro que me llena de esperanza: "Fes que ploga la Pau" (Haz que llueva la Paz) nos muestra al mundo rodeado de gotas en las que los niños han puesto sus deseos en el Día Internacional de la Paz. Leerlo es reconciliarse con el futuro de la humanidad.
 
 

Gotas de Paz
Gota 1: "Deseo que no 'halla' violencia de género". María
Gota 2: "No al racismo".
Gota 3: "Deseo que no 'aia' 'mas' racismo en el mundo y que no 'aia' esclavitud. Paz. Amor".
Gota 4: "Deseo bailar juntos".
Gota 5: "Deseo que no 'hallan' más guerras y que no nos 'pelemos' solo quiero paz".
Gota 6: "Deseo que 'nohaya' más niños soldados".
Gota 7: "Deseo que haya igualdad de 'genero' y que no se discrimine por color". Yeru
Gota 8: "Deseo a todo el mundo paz, amor y libertad". Gabriela
 
 
 

viernes, 6 de febrero de 2015

De Zapata para Zhandra




El día que tuve el honor de conocer a este GRANDE, fuimos a su casa y yo no podía creer mi suerte. Quería pedirle un autógrafo, pero Suhaill dijo que ella no quería menos que una caricatura. Con toda la vergüenza del mundo y aprovechándome de la valentía de mi artista del maquillaje, puse el papel delante de Zapata. Entre sus gatos y su arte, me hizo este pedacito de gloria. Hoy me imagino al tío Simón recibiéndolo con un abrazo de esos sabrosos que te quitan la respiración para llenarte de vida, y un cafecito recién colado. Ahí, en un porche lleno de helechos y con una sabana enorme de fondo, hablarán de sus cosas, y pronosticarán el retorno de la unión en Venezuela.


domingo, 1 de febrero de 2015

No solo los alimentos y las medicinas escasean en Venezuela


Febrero, 1989: Caracazo
La última vez que los militares intervinieron en una manifestación civil en Venezuela
Fotos: noticias24.com, taringa.net, runrun.es y talcualdigital.com


La autorización de armas mortales para la represión de las manifestaciones en Venezuela, emitida oficialmente por el Ministerio de la Defensa del país caribeño a través de la resolución 008610, se suma a la lista de imposiciones anticonstitucionales que criminalizan la disidencia y coartan los derechos fundamentales más básicos: la libertad de expresión, el derecho a manifestación y la prohibición del uso del ejército en el control de manifestaciones civiles.

Esta última medida fue ordenada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos tras el fatídico episodio del Caracazo, ocurrido entre el 27 de febrero y el 8 de marzo de 1989, cuyo sangriento resultado fue ampliamente repudiado por gran parte de la población, incluidos los hoy maduristas.

Es importante resaltar que la resolución 008610 aparece a pesar de ser contraria al artículo 68 de la Constitución venezolana, la cual prohíbe “el uso de armas y sustancias tóxicas en el control de manifestaciones pacíficas”, y deja a discreción de los efectivos militares apelar a la “fuerza potencialmente mortal” en caso de la creación de una “situación de riesgo mortal” no expresamente definida; todo ello en medio de la peor crisis económica y social que han atravesado los venezolanos en su historia democrática.

Resulta también sospechosa la cercanía con el aniversario de las protestas más brutalmente reprimidas, encabezadas por los movimientos estudiantiles el 12 de febrero de 2014. Como consecuencia de ellas, unas 40 personas fueron asesinadas y hubo más de 1.600 detenciones arbitrarias (51 de ellas aún siguen detenidas).

La sensación que queda, al final, es que no solo los alimentos y las medicinas escasean en Venezuela. Parece que los derechos fundamentales, desde hace algún tiempo, también.



miércoles, 18 de junio de 2014

El peligro de los nuevos liderazgos

Aunque impacta el logro obtenido por el partido Podemos en las recientes Elecciones al Parlamento Europeo, éxito que lo convierte en una opción distinta en medio de la crisis de la clase política que atraviesa España, no es prudente dejarse llevar por las esperanzas de una alternativa que aparenta neutralidad por su frescura.

Es cierto que el discurso de Pablo Iglesias ha resultado muy convincente a la hora de exponer las frustraciones de los electores, tomando como punto de encuentro la decepción generalizada hacia el bipartidismo y la corrupción. Sin embargo, algunas de sus declaraciones pueden resultar peligrosas desde un punto de vista demócrata y pacífico. Su defensa de la libertad del porte de armas en Estados Unidos como base de la democracia y ciertos coqueteos con organizaciones terroristas vascas, son un par de ejemplos. No obstante, a una periodista venezolana radicada en España, le llama la atención su explícita conexión con Hugo Chávez y su régimen.

En una entrevista hecha al líder de Podemos en el canal del Estado en Venezuela, Venezolana de Televisión, surgen numerosas inquietudes ante el repentino poder de convocatoria que ha demostrado este profesor de la Complutense de Madrid.

Me pregunto si los votantes del nuevo eurodiputado le han oído decir que "no puede haber democracia si todos los medios de comunicación están al servicio de los poderosos", y que "Venezuela ha demostrado tener una de las democracias más sólidas del mundo", cuando hay periodistas venezolanos amenazados, agredidos, medios de comunicación cerrados y el canal del Estado no transmite ninguna opinión contraria a la revolución chavista; cuando en Venezuela ya no hay canales de televisión opositores y quedan muy pocos de radio y prensa escrita; cuando los medios allí están controlados por los chavistas, o sea, por los poderosos. 

Me pregunto si saben que habló en ese plató sobre pluralidad y sobre la importancia de debatir las ideas, cuando más de la mitad de mi país está amordazado en ese canal que mantenemos todos. 

Me pregunto si les preocupará que el Sr. Iglesias haya hablado de los horrores de la represión actual en España, estando en un país que tiene un régimen que masacra estudiantes desarmados y tortura a la gente que protesta porque no hay seguridad, comida ni medicinas. 

¿Les preocupará acaso que haya dicho que envidia a los españoles que residen en Venezuela? Como extranjera, no me meteré en los planteamientos de su campaña referentes al bipartidismo y la corrupción, pero una cosa sí sé: Vivir en Venezuela es, desde que gobierna el chavismo, vivir con miedo por la inseguridad, vivir con problemas para conseguir alimentos por la escasez y con incertidumbre por la inexistencia de seguridad jurídica. 

Por lo tanto, me gustaría sugerir a los seguidores del Sr. Iglesias que están buscando una alternativa al bipartidismo, que busquen en Internet sus declaraciones en el pasado. Tengo la esperanza de que, de haberle oído decir ciertas cosas que en su campaña no repitió, su poder de convocatoria no hubiera sido tan grande.

Por último, quisiera enviarle un sincero mensaje al líder de Podemos. Sr. Iglesias: no envidie a los españoles que residen en Venezuela. Es bienvenido a quedarse allí, para que viva de primera mano todo lo bueno que ha traído consigo la "revolución bonita" que, según usted mismo, está "contra los intelectuales".

martes, 15 de abril de 2014

Por qué el escepticismo hacia el diálogo en Venezuela

Históricamente, los estudiantes han representado un liderazgo nato en Venezuela. Su contagioso vigor, su convicción a toda prueba, sus justas exigencias y la inexistencia de "intereses velados", hacen de este movimiento un verdadero huracán. Cualquier gobierno sensato los tomaría en cuenta. Pero de vez en cuando se da el caso de que, gracias a triquiñuelas disfrazadas de sistema democrático, llega al poder un gobierno poco sensato... y se cierra la partida. 

Por un lado está el gobierno, con amplia y poco legítima ventaja en todos los poderes, con armas, medios de comunicación, una fuente constante de dinero y muchas ganas de seguir disfrutando de las mieles de su posición. Por el otro, los estudiantes, armados solo con ideales, ganas de salir adelante y conciencia de que un futuro digno es imposible bajo estas directrices. No es de extrañar que la mayoría de los venezolanos les tenga simpatía.

Pero las armas de los universitarios no se quedan allí. Una, muy importante, fue obviada por un gobierno que los subestimó: su poder de convocatoria.

No solo están de acuerdo, también están comunicados. Están por todo el país, saben organizarse y se valen de las redes sociales para publicar sus denuncias al mundo. Resultado: Lo que el gobierno creyó ser una pataleta de niños malcriados, terminó siendo una revuelta de dos meses y contando. 

Maduro falló al calcular la dimensión de las protestas, no solo en cuanto a su extensión territorial, sino en la profundidad del descontento. La violencia ejercida por grupos civiles armados por el gobierno, la persecución ilegal de disidentes, el cerco a los medios de comunicación y periodistas, la escasez producto del descalabro económico y el descuido de los intereses y  necesidades de los venezolanos, son reclamos que hace la sociedad entera. 

Así llegamos aquí: al momento en el que el gobierno entiende que, para mantener su imagen en el exterior, debe sentarse en un "diálogo". Pero, cuando amplios sectores de la sociedad están involucrados en las protestas, ¿a quién eliges como interlocutor? 

La coalición de partidos políticos adversos al gobierno, MUD (Mesa de la Unidad Democrática), ha hecho una gran labor por salvaguardar los pocos resquicios democráticos que aún quedan en el país, pero, como bien dijeron en el primer debate con el equipo oficialista, no representan a los estudiantes.

La MUD no convocó la protesta, no siempre la apoyó y no tiene poder para cesarla. Si el gobierno quiere restablecer la normalidad en el país, lo sensato sería que involucrara a los estudiantes en la mesa de diálogo. Pero ya hemos dicho que, de vez en cuando, los gobiernos no son sensatos.

El panorama es muy complejo y hay que sumarle a los radicales de ambos bandos que, por un lado, pretenden colapsar al país para forzar un paro nacional, y por el otro, amedrentan a los manifestantes y a sus familias disparando a diestra y siniestra en las zonas residenciales de clase media. Ninguno tiene el apoyo de la mayoría de la sociedad civil, pero juegan un papel importante en el desarrollo de los acontecimientos.

En conclusión, decir que hay "diálogo" en Venezuela es pecar de inocencia. Habla un gobierno desde su palacio con un grupo de personas que traen denuncias, a quienes se les responde con desdén la misma cantaleta de siempre: quieren derrocarnos porque son fascistas y apátridas. Mientras tanto, en las calles, los estudiantes siguen con su lucha, ajenos a la farándula gubernamental y a los veedores internacionales, cuya labor deja mucho que desear si no son capaces de preguntar por qué los protagonistas de esta historia no han sido invitados al debate.



lunes, 7 de abril de 2014

El valor de un smartphone en Venezuela

Ante la vergonzosa actitud de los medios tradicionales de comunicación, silenciosos cómplices de la reiterada violación de los Derechos Humanos de miles de venezolanos, surge el protagonismo de unos artefactos que, desde las millones de manos de ciudadanos, se convierten en el principal lugar de acopio de testimonios y pruebas del drama de un país al límite. Falta saber si sus denuncias servirán para algo, o si, como en otros casos, la comunidad internacional seguirá ignorando esta tragedia.

Mientras las protestas en Venezuela, lejos de amainar, se abren paso ante la represión gubernamental, los medios de comunicación del país caribeño deciden callar. No es casualidad, pues la revolución bolivariana cuenta ya con un largo expediente de amenazas, persecuciones, cercos y cierres de emisoras de radio y televisión, así como de órganos informativos escritos, sumados a ataques verbales y físicos e incluso encarcelamientos ilegales a periodistas y trabajadores de la prensa.

No es de extrañar entonces que en la cuna de Bolívar no quede ni un solo canal de televisión de oposición, y la prensa escrita tenga que sobrevivir gracias al generoso aporte de papel hecho por algunos medios de información colombianos. Cuesta imaginarse a una verdadera democracia en esas condiciones.

Pero lo cierto es que los venezolanos hace tiempo que ya no recurren a los medios tradicionales para informarse. En el fondo, pocos se fían de lo que en ellos se publica, y el silencio informativo ha dado pie a un nuevo ciclo en la historia de las comunicaciones de masas en el país. Ante la vergonzosa actitud de los medios tradicionales de comunicación, silenciosos cómplices de la reiterada violación de los Derechos Humanos de miles de venezolanos, surge el protagonismo de unos artefactos que, desde las millones de manos de ciudadanos de a pie, se convierten en el principal lugar de acopio de testimonios y pruebas del drama de un país al límite.

Los smartphones, tablets y todos los artefactos electrónicos diseñados para capturar imágenes y vídeos y compartirlos en las redes sociales, se han convertido en el principal aliado de la Libertad de Expresión, Información y Opinión de los venezolanos. Gracias a ellos, quienes estamos fuera hemos podido comprobar la gravedad de la situación en las calles, así como el carácter nacional de las protestas lideradas por los estudiantes, y su extensión a otros sectores de la población como médicos, profesores y periodistas. Sin embargo, el papel más importante que han cumplido estos aparatos tecnológicos, ha sido el de mantener informados a los propios venezolanos de lo que ocurre en el país.

El derecho a una información veraz y oportuna no es un mero capricho. En él radica gran parte de la estructura de una Democracia y, en situaciones tan conflictivas, puede llegar a salvar vidas. Los nuevos medios de comunicación masiva se han valido de los nacientes reporteros sobre el campo, para que los propios venezolanos sean conscientes de la magnitud de la violencia en la represión de las manifestaciones, cuyas consecuencias no conocerían de no ser por la inmediatez, el alcance y las posibilidades de los smartphones.

De modo que las pruebas están allí. Corren por las redes sociales aún más rápido y con una mayor audiencia de la que podría alcanzar un medio tradicional. Los smartphones y tablets han logrado darle protagonismo al ciudadano común, demostrando que es un factor clave en la captura de testimonios de violaciones a los Derechos Humanos. Falta saber si sus denuncias servirán para algo, o si, como en otros casos, la comunidad internacional seguirá ignorando su tragedia.



sábado, 22 de febrero de 2014

¿Cuál es el plan?



Hace días que mis amigos españoles me miran con la incómoda y curiosa mirada de quien va al velorio del padre de un amigo. Quieren saber cómo estoy, pero no saben si preguntar al principio, al final o directamente no sacar el tema. Cuando, a propósito de la difícil situación que se vive en Venezuela estos días, me preguntaron qué pasaría si los estudiantes ganan, me quedé en blanco...

Claro que lo ideal es que renuncie Maduro y llamen a elecciones, pero nadie irá con este CNE. Nadie aceptará un juicio más con este TSJ. Nadie aceptará ser representado por esta "defensora del pueblo", esta "fiscal general", y lo mismo con todos los "organismos públicos" (entre comillas y en minúsculas) que abiertamente han asumido un papel de obediencia al régimen. 

En medio de toda esta lucha de los estudiantes, que considero más que necesaria, me pregunto: ¿cómo pensamos llegar a donde queremos ir? 

Desde donde estoy, lamento no poder hacer más para acompañar la lucha de los jóvenes venezolanos, valientes defensores de la Libertad y la Democracia. Sé que reunirnos aquí y enviarles fotos diciéndoles que no están solos, realmente no es mucho, y cuando ves videos de gente aterrada grabando motorizados que se cuelan en sus urbanizaciones, ante la mirada indiferente de los "cuerpos de seguridad del estado", te invade la impotencia y te das cuenta de que no hay absolutamente nada que puedas hacer, aquí ni allá, para cesar tanta violencia.

Solo quería tomarme unos minutos de calma entre tanto tweet, para agradecer a mis amigos por tomarse la molestia de interesarse por Venezuela. Como saben, lo que pase en ella me afecta mucho y agradezco el interés y la preocupación.

En cuanto a mis paisanos, solo una reflexión: 

Sé que es fácil desde aquí pedirles que resistan, pero más que un cómodo y vacío ruego de "Lucha por mí para que pueda disfrutar de tu sacrificio", es una petición de "Has llegado tan lejos, a costa de la vida y la integridad física y moral de tantos valientes, que has hecho que el mundo te oiga y ruegue por ti. ¡Falta menos! ¡No te dejes vencer ahora!".

Pero también quiero pedirles que comiencen a pensar en el mañana. Una vez que consigamos nuestras exigencias (desarme de los "colectivos", liberación de los presos políticos, libertad de expresión e información en los medios de comunicación...), ¿cuál es el plan? 

Antes de terminar, me gustaría decirles a los protagonistas de este despertar, a los jóvenes de Táchira, a los de Carabobo, Zulia y a todos los que se han enfrentado pacíficamente en las calles a un régimen con armas y tanquetas: ¡GRACIAS! Venezuela está muy orgullosa de ustedes, y merecen vivirla grande, próspera y en paz, como la conocí yo.